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La tortilla de patata del Kasino de Lesaka.

Kike_on_tour_bar_restaurante_kasino_lesaka_navarra_tortilla_patata_pimiento_verdeReaparecer, retomar donde lo dejamos, reemprender los proyectos, renovar la ilusión, reanudar las vivencias, refluir las ideas y ponerlas en práctica, en fin volver.

Volver a reír, a crear, a creer, a mirar, a ver, a oír, a escuchar, a estar, a entusiasmarse, a soñar, a pasárselo bien, a pensar, a trabajar, a aprender, a emocionarse, a divertirse, a salir, a viajar, a subir, a bajar, a andar, a correr, a enredar, a comer, a beber, a contar, a compartir, a vivir y a escribir.

Toda esta chapa os la cuento porque este post va dedicado a las personas que allá por mediados y finales de marzo me ayudaron a cambiar la tendencia de mi vida y, entre otras cosas, me invitaron a comer en el Kasino de Lesaka. Agradecido, siempre.

Posiblemente la tortilla de patata de tu madre sea la mejor para ti, estimado lector. No lo dudo pero la que aparece por ahí arriba está buena tirando a cojonuda y en mi opinión una de la mejores que he probado. Huevos de caserío, patata de huerta buena, cebolla caramelizada y algo de pimiento verde.

Merece la pena una visita si te acercas por la zona, bastante bonita por cierto. Si vives por aquí y no la has catado, deberías pasar primero por confesión porque no tienes perdón. Hay que reservar.

Restaurante Kasino Lesaka
Plaza Zaharra 23.
Lesaka· 31770 Navarra
Tel. 948 637 152 · MAPA
www.kasinolesaka.com

 

 

Aquellos maravillosos años

Kike_on_tour_los_abetos_restauranteAquellos maravillosos años en los que las vacaciones de verano duraban tres meses, recuerdo que los seis miembros de mi familia íbamos al pueblo, como piojos en costura, en el seat 1430 que “gastaba” por aquella época mi padre con las maletas, los zapatos, los abrigos por si acaso, los encargos de no se quién, los geranios de turno para que no se secaran, etc…

Eran viajes largos, interminables, muy distintos a los de hoy en día. Cruzar la Ribera Navarra en pleno julio, con su calor, los innumerables camiones, sin aire acondicionado, sin autovías ni variantes, pasando por el casco urbano de todos y cada uno de los pueblos hacía que el viaje fuera una experiencia eterna que, momentáneamente, se terminaba cuando llegábamos a comer a Los Abetos.

Aquello era el paraíso, pedías el primer plato y te dejaban el puchero en la mesa, con el segundo tres cuartos de lo mismo y con el postre, la locura. Una vez terminada la parada técnica, seguíamos el viaje ya dormidos para tranquilidad de nuestros padres.

Hace unos días, crucé de nuevo Navarra, ya por carreteras más modernas y de camino al pueblo vi el cartel de la fotografía. Me trajo buenos recuerdos.

Kike on tour