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Vuelve Keler 18 Brown

Keler, la cerveza de Donostia de toda la vida, ha vuelto a sacar al mercado su versión negra. La original Keler 18 Brown tuvo mucha aceptación. Se mantuvo en el mercado desde su nacimiento en 1969 hasta 1994. Actualmente la cervecera vuelve a producirla. La campaña de publicidad que acompaña al lanzamiento reza: “No es para todos. No hay para todos”. En dos palabras: edición limitada. Así que ya os estáis dando prisa si queréis probarla.

Exteriormente la botella, mola! Un buen ejercicio de diseño la hace atractiva. En el interior, el líquido maravilloso caoba oscuro de 6º. Fácil de beber, ligera pero con cuerpo. Podéis beberos más de una que no os vais a ir “zumbaos” a casa. Tampoco os emocionéis. Con moderación, por favor.

Si metéis la nariz en la copa os vendrán recuerdos a café, chocolate, cacao, caramelo… Al probarla el sabor de esos aromas permanece en boca durante un buen rato haciéndola muy gustosa.

Resumiendo, es un buen trago para disfrutar con los colegas. ¡¡¡A correr que se acaban!!!

Keler 18 Bown
www.keler.eus

Tallinn

Kike_on_tour_tallinn_plaza_central_estoniaTallinn, capital de la república de Estonia, es un sitio muy recomendable para pasar unos tranquilos días de vacaciones. Hace nueve meses tuvimos la oportunidad de visitar esta ciudad medieval amurallada y perdernos por sus calles y numerosos rincones.

Después de callejear toda la mañana nos dirijimos a apagar la sed a Olde Hansa un restaurante de aspecto medieval, junto a la plaza del ayuntamiento, famoso por sus cervezas negra con miel y con especias. Nosotros nos decantamos por la negra con miel, recomendación de unos amigos que habían estado anteriormente. Como hacía calor nos quedamos en la terraza y… ya sabéis… sol y cerveza, grandes compañeros de viaje.

Kike_on_tour_tallinn_olde_hansa_cervezeriaPosteriormente a la ingesta de estos brebajes y para bajar el mareo decidimos comer en el restaurante Troika. Es un antro oscuro iluminado con la luz tenue de unas velas que ofrece comida típica rusa. Tras acomodarnos y sin mediar palabra un camarero grande, con aspecto de domador de circo, nos puso tres vodkas en la mesa. Para no hacer el feo nos los bebimos, estaban buenos. De la nada surgió un trovador, de ésos de leotardo y balalaika, que nos “amenizó” la comida.

Al rato se acercó por allí una muchacha ataviada con el traje regional de turno y nos apuntó el menu. Pedimos un entrante que no sabíamos muy bien que era pero que luego resultó estar muy bueno, una ensalada, blini, esturión y stroganoff de oso con sus guarniciones.

Luego apareció de nuevo el domador con su bebedizo y… ¡venga para dentro! y así, con esa alegría, llegó la comida de la que dimos cuenta sin levantar cabeza, no fuera a ser que apareciera el tipo de la botella.

He de decir para gloria del Troika que el esturión y el guiso de oso estaban muy buenos, no así el café pero salimos satisfechos.

Tallinn
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Kike on tour